La lana es la materia prima usada para la confección de finos sweaters y coloridas bufandas, así como también para la construcción de aislantes térmicos. Proveniente de la oveja, es una fibra natural que fue utilizada durante miles de años, codiciada por su durabilidad, su buena absorción de la humedad, su aislación térmica y su gran facilidad para limpiar, entre otras características que la destacan. Por diversas razones, la lana de oveja fue reemplazada por diferentes materiales sintéticos. Aunque, debido a sus cualidades naturales y a las modas tan cambiantes, esto se está revirtiendo.

Por este motivo, resulta interesante mirar un poco para atrás y descubrir el proceso de la producción de lana. Todo comienza en el campo, a través de la esquila de las ovejas. Cada año el mundo produce entre 2 y 3 millones de toneladas de lana, siendo Australia el mayor productor del planeta. La esquila es realizada una vez por año, en fecha cercana al verano, en función de que los animales sobrepasen mejor los meses más calurosos, evitando el estrés térmico.

Primero se toma a la oveja de las patas para poder voltearla y así facilitar más el corte. Utilizando una esquiladora eléctrica -una máquina en forma de peine que permite cortar rápidamente y de forma eficiente el vellón (la lana de oveja) sin lastimar a la oveja-, se logra extraer toda la lana. Un esquilador puede extraer la lana en menos de dos minutos y cada oveja puede producir entre 1 y 3 kilos de lana fina y entre 2 y 3 kilos de lana gruesa, dependiendo de las características genéticas de cada raza ovina con sus diferentes particularidades de vellón.

Una vez extraída la misma, se realiza un proceso de separación y clasificación. La lana recién esquilada posee fibras no deseadas, los cuales deben ser removidas cuidadosamente. Esta se clasifica según su tonalidad y su calidad (mientras más fina es, mayor calidad tiene). Con la más fina, por lo general, se produce la indumentaria de alta calidad, como por ejemplo los sweaters. En cambio, con la más gruesa, se realizan alfombras y otros derivados, y además se destinan a la producción de aislantes térmicos para la construcción.

Una vez clasificada, la lana puede seguir conteniendo suciedades, por eso se la somete a un cuidadoso lavado. Luego, una vez limpia, se la coloca en grandes prensas que la comprimen en fardos de hasta 200 kgs cada una, llegando de esa forma a distintas fábricas.

Allí, a las lanas crudas que poseen un tono natural, se las tiñe de distintos colores y luego se las coloca en secadoras. Antes de que la lana se convierta en hilo, hay que desenredarla. Se la pasa entonces por distintos rodillos que poseen diminutos alambres metálicos, se la cepilla para poder alinearla en una sola dirección, y de esta manera se eliminan los enredos. A este proceso se lo llama cardado.

Luego, una vez cumplido este paso, se procede a la etapa de hilado. En este momento la lana se somete a un proceso de torsión, en el cual se obtiene finalmente el grosor deseado. A medida que las hebras van pasando por esta máquina, se van retorciendo de forma continua durante al menos cuatro veces. Esto permite que el hilo sea más resistente. Por último, los hilos se enrollan en bobinas que contienen una sola pieza larga de hilo.

En Caledonian trabajamos con tejidos naturales de lanas autóctonas del Norte, realizadas por tejedoras de diversos parajes de Santiago del Estero. Se realizan a mano los diferentes hilados, con mucha paciencia y dedicación, para producir los tejidos de forma artesanal en grandes telares para que, finalmente, podamos ofrecer pies de cama, boinas, ponchos, alfombras y caminos de mesa, entre otros productos de calidad.